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jueves, 4 de junio de 2015

UNA VISION DISYUNTIVA DE LOS GRADOS «ESCOCESES». REFLEXIÓN y PROPUESTA.

ALdaba

LA REFLEXIÓN.

Cuando uno se enfrenta al trabajo masónico de los Altos Grados del REAA, desde la experiencia de haber trabajado la primordialidad de las Ordenes del Rito Francés que impulsó Roëttiers de Montaleau, y que desarrolló el Gran Capitulo General del Gran Oriente de Francia (GCG)1784, uno se queda con la extraña sensación de volver a un mundo preñado de «espiritualidad y religiosidad» que absorbió el rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) constituyéndose en el corazón esotérico y hermético-cabalístico del renacimiento masónico.

Está claro que Roëttiers de Montaleau, y aquellos que le secundaron no pudieron abordar la puesta al día de las Ordenes de Sabiduría, tal como se hizo en los grados azules del rito Moderno con la compilación ritual que dio como resultado el Régulateur du Maçon, aun cuando en 1788 el GCG articuló talleres los Altos Grados y fijó el «sistema» francés, con una voluntad de aperturismo y pragmatismo como bien recogen los Estatutos y Reglamentos Generales de 1784, y que recoge el artículo 27 de esta forma: «Le G.:. Chap. G renfermera dans son sein, autant qu’il sera possible, toutes les connaissances maçonniques»

En 1802, varios Hermanos bajo ese aperturismo que mostró el GCG reivindicaron la co-existencia con otros ritos en el seno del GOdF, y desde ese preciso momento se puede situar la firma del concordato entre el GODF y la Grande Logia General Escocesa, para emprender la práctica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, a lo que se ha de sumar la instalación como Gran Maestro a Cambacérès que dio plenitud a dicho acuerdo, constituyendo desde entonces como un referente totalizador que además el Colegio de Ritos del Gran Oriente de Francia, impondrá como modelo ritual, ante lo cual Charles Porset denominaba irónicamente dicha acción como la «Creencia que aniquila la razón».

Durante más 150 años el REAA como rito y como estructura dentro de la obediencia francesa, evidentemente con herencias y préstamos, ha pilotado casi todo el desarrollo ritual periférico de la llamada masonería liberal continental, pues la huella de sus textos y sus orientaciones la encontramos en numerosos rituales que utilizaron y utilizan las más diversas Obediencias, tanto antiguas como actuales.

La otra gran orientación «escocista» continental, podemos decir sin ambages que procede de otra potente estructura, como es la que representa la Gran Logia de Francia (GLF), que a su vez guarda igualmente las esencias del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. (REAA), aunque esta orientación ha tenido menos impacto en las masonerías continentales, al menos en lo que se pueda referir a España.

Por tanto, cuando abrimos la panoplia ritual de los Altos Grados del «escoscismo», nos encontramos con varias cuestiones que personalmente me llaman la atención, por un lado: la abundancia simbólica que han aportado las diversas escuelas de pensamiento y espiritualidad en base a la permeabilidad que el (REAA) ha mostrado como rito, lo cual unido al fuerte sustrato bíblico que alimenta los diferentes grados en combinación con lo anterior ha contribuido a fijar una tradición esotérica y simbólica que patentizan grados como el Caballero Rosacruz y el Caballero Kadosh, trabajados con fuerte dimensionamiento en el «escocismo».

Queda meridianamente claro el poso esotérico y simbólico con claras referencias hermético-alquímicas, y fuertes raíces cristianizantes que de buen grado aceptó el REAA, en contraposición al rito Francés (GCG- GOdF), que obvió trabajar de forma focal grados como el Caballero Rosacruz o el Caballero Kadohs, que han sido los buques insignia del esoterismo como templo espiritual para una experiencia espiritual, aunque desde algunas posiciones hoy se intenta presentar las prácticas rituales de estos grados «escocistas» desde un cierto existencialismo iniciático.

Está claro que desde posiciones agnósticas y ateas, el trabajo ritual de dichos grados trae complicaciones éticas y de cohesión entre pensamiento y praxis, y de ello han sido conscientes algunos estudiosos y autores, que han buscado la conciliación de los opuestos, no negando el hecho, pero ensayando otra perspectiva ante una dialéctica perpetua jamás concluida cuya arcaica y enigmática herencia, conforman una comunidad de espíritus contradictorios, que es la masonería.

En este sentido, se puede decir que el abordaje de estos temas en Francia ha sido importante, estando presente en el panorama reflexivo el trabajo Hermanos que practican el REAA, tanto desde el enfoque racionalista, como desde el campo espiritualista, de uno u otro rito, lo cual constituye un interesante corpus bibliográfico a consultar, con autores como J. Saunier; J. Bartholo; P-M Savainag; C. Guerillot ; B. Etienne, P. Mollier, etc.

Esta panorama de reflexión no tiene parangón en España, pero en todo caso deseo llamar la atención de los lectores de REAA, sobre el trabajo que se está realizando por cambiar enfoques y perspectivas, que permitan el trabajo desde el con una cierta coherencia entre razón y creencia, sin que una aniquile a la otra.

   

En este sentido es bueno poder visualizar el cambio de enfoque que nos propone Narciso Sáez Narro, cuando indica que por ejemplo «nuestros caballeros rosacruces del rito (REAA) no van a Oriente a conquistar terrenos sino a buscar ideas».

LA PROPUESTA.

En el panorama masónico español, muy inmaduro aún en estas lides de la reflexión ritual, digamos que aún estamos en ese estadio «de sí el ritual se ajusta o no a la tradición», sin que haya un estudio sistemático de los ritos y los grados, analizado desde la coherencia y la visión personal imbuida de una cierta laicidad y racionalismo, que nos a aleje de este modo de los patrones al uso, «donde todo vale en función que lo que indique el ritual», de ahí que luego haya grandes sorpresas cuando, por ejemplo, desaparecen algunas cuestiones de los rituales, los cuales han sido, por poner un ejemplo, colonizados por los sefirots misticos masónicos, o se ven reaparecer otros símbolos en función de modas o influencias que son préstamos de otros ritos, y otras estructuras masónicas...

Para mí, ahora que me encuentro en esas tesituras de trabajar en un nuevo rito como es el REAA, no puedo negar que determinados grados y enfoques se presentan desde mi visión particular de ateo, formado en el seno del Rito Moderno y Francés, y por ende heredero de una peculiar visión masónica, pues me encuentre ante ciertas contradicciones, de creencia y razón, antes las cuales preciso nuevos enfoques y herramientas para poder abordar este nuevo y denso recorrido por el REAA, con cierta frescura y prospectiva, sin caer en los determinismos al uso.

En este sentido para mi han sido totalmente recomendables para esta travesía de resituación con respecto a los rituales de REAA y los Altos Grados, las reflexiones hechas libros de Narciso Sáez Navarro, La masonería y sus Grados Escoceses, un dialogo desde la laicidad y la racionalidad. Tomo I Desde la Iniciación a la Maestría Perfecta, y Tomo II Los grados rosacruces, areópagos y los administrativos.

Ya que el amigo y francmasón de la GLSE y alto Grado practicante del REAA como es Narciso Sáez, trata de enfatizar de una forma muy didáctica otros enfoques para de esta manera poder abordar el gran embrollo de concepto y de praxis, lo que significa encontrarse de sopetón en la matriz de los Altos Grados REAA, las múltiples leyendas e interpretaciones bíblicas sin olvidar los aditamentos simbólicos herméticos- cabalísticos que parecen conformar parte del edificio conceptual del REAA, cuestiones no tan influyentes en otros ritos, como el Moderno/Francés del GCG-GOdF que he practicado durante más de once años.

Creo que en ese recorrido, desde la Escuadra y el Compás manejados en el primer tramo de nuestra experiencia masónica en logia azul, camino de la dimensión universalista de la reflexión que nos presenta la siguiente escala del trabajo masónico en cámaras de perfección, capítulos, etc, es bueno contar con herramientas que sirvan de apoyo y complemento a la hora de afrontar esa re-construcción que supone adentrarse en un mundo ritual, sea el que sea, pero más en el REAA, para que este se vivifique en cada uno de nosotros de tal modo que pueda arrojar resultados positivos a quien se adentre en tal prospectiva simbólica.

No es una propuesta de reflexión al modo y manera de un cierre categorial, sino un sendero de ensayo y error desde la prospectiva de pensar de forma abierta, partiendo como nos propone Narciso Sáez, de «integrar el lenguaje del sendero, del respeto y de la devoción», o sea iniciar de nuevo el gran tour del Compañerismo, en el proceso de la búsqueda más abierta y creativa posible.

Por tanto, este post no va de una reseña de un libro de un buen amigo, sino sobre la experiencia personal y sobre manera trata de presentar una introspección en una metodología que propone un estudioso como es Narciso Sáez, la cual nos puede servir para poder enfrentarnos a algunas las contradicciones ya expuestas.

Iniciación como un referente parcial y no totalizador.-

La famosa Iniciación se ha de vivir y contemplar como un proceso sin iluminaciones, ni ukases iniciáticos, sino dejando que cada uno viva su estadio masónico desde la condición personal labrada en base a percepciones, y experiencias vitales, vividas durante nuestra existencia antes durante de nuestra militancia.

Unos vivirán la entrada en la masonería desde la óptica de creencia, vivenciando una iniciación más espiritual, otros en cambio, la abordaremos desde la razón como una «recepción de masones entrados», siendo unos, tal vez, los «predestinados y elegidos», y otros simples albañiles en la gran cantera masónica con la misión de ir desbastando la piedra para encontrar la talla adecuada.

Por eso debemos abordar la iniciación desde una perspectiva abierta, ya que el complejo mundo simbólico del REAA y sus sustratos simbólicos de los que se alimenta nos lo exige, de no hacerlo así nuestros tránsitos se irían estrechando cada vez más hasta conducirnos hacia la constreñida vereda del dogmatismo conceptual y ritual de quedarnos con la experiencia textual.

Búsqueda desde el agnosticismo y la razón como base universal.

Narciso Sáez, nos propone en ese tránsito de la búsqueda como anhelo de superación desde la Razón, una búsqueda abierta activa que nos permita recrear la simbólica y su entorno, dándole vuelta al mito, abandonando la mitomanía, y des-construyendo la mítica al uso desde la Razón activa «para lo que admite o reconstruye esté revestido de convicción racional», no quiere ello decir que no podamos admitir valores sostenidos en ficciones sutiles, en metáforas y alegorías, sino que analizadas desde la razón podamos reelaborar  una nueva mítica que paulatinamente vaya sustituyendo, si se quiere, los viejos arquetipos bíblicos y herméticos por nuevas analogías, pues nuestra historia, nuestra cultura occidental no quepa la menor duda nos ofrece nuevas míticas y referencias que nuestros antecesores no consideraron en ese momento adecuadas, pero no por ello dejan de ser útiles en la recreación de una nueva mítica.

La ficción el corazón y la liberación ante moldes establecidos.

Está claro que enfrentarnos ante el alambicado mundo simbólico del REAA para aquellos que no hemos sido elegidos como «iniciados», sino que nos hallamos en la cantera como simples masones aceptados cargando con nuestro agnosticismo o ateísmo, es bueno trabajar desde la ficción, no «basta que desvelemos el camino» sino al contrario de como plantea Narciso Sáez, sino que teniendo como eje transversal la ficción poder ensayar desde la propia la propia semiótica del simbolismo «escocista», poniendo razón de por medio pero también corazón, pues de lo contrario no llegaríamos seguramente a tener conceptos claros sobre poéticas manifestaciones masónicas que tenemos a nuestro alrededor, las cuales debemos contemplar desde el corazón, que «todo lo vivifica en su proceso de transmutación y rarefacción, de su expansión y concentración, en su solve et coagula particular»

La liberación, los grados, los símbolos, la mítica y la regeneración

La re-construcción que debemos acometer, no deja de ser una introspección alegórica mediante la regeneración de una interpretación desde la ética personal y cotidiana en pos del progreso de la humanidad y la felicidad personal, aunque tenemos tendencia a pensar que «concepto de Razón que incorpora la ilustración desde el pensamiento protestante y de la peculiar aportación del jansenismo, resulta una entelequia no muy propicia para una masonería liberal y laica».

Por tanto nuestra actual posición histórica, cultural e intelectual, nos exige liberarnos del yugo alegórico al uso, sin que por ello neguemos la transcendentalidad del hecho ritual en su conjunto como fruto de un quehacer que nos viene de lejos y la puesta en valor cada día, para conseguir los fines que se fijan las distintas masonerías, y nosotros como masones, enlazando la raíz hermenéutica de la tradición con perspectivas y prospectivas más actuales y liberadoras. En otras palabras «la masonería está unida al presente, al ser humano del presente, a la razón activa que permite progresar en el aquí y ahora», no de una manera trascendente, sino desde la razón y la sabiduría que busca en ese orden dado en los rituales el sentido más hondo de la búsqueda, de la verdad.

Una búsqueda que se haya imbuida en una filosofía, en una ética, y una moral, todo ello desde la universalidad no dogmática, sino desde una posición abierta con el fin de ir desvelando, desde las alegorías bíblicas y herméticas que nos suscita de buenas a primeras la lectura de los rituales, los referentes que puedan conformar desde la razón una mítica universal liberadora tras ir quitando velos que nos desdibujan el sentir más hondo del mensaje a recibir, y tal como nos indica el autor de la propuesta «si en algún momento tomamos el símbolo como la última imagen simbolizada y nos quedamos en ello, se acaba el proceso».

Lo cual supone en este sistema de grados es bueno conocer lo que llevó a otros Hermanos a integrar elementos, alegorías y símbolos, que pueden ser útiles en la cadena de progresión o un lastre, por tanto debemos conocer la historia masónica y ritual para liberarnos en un constante ejercicio que todo masón debería realizar de regeneración personal y colectiva.

La Heterodoxia como axioma de trabajo

La búsqueda, tras la permanencia en las logias azules, cambia de sentido en las logias de perfección, hay una nueva orientación, digamos que se fija la atención en valores universales a veces velados o mediatizados, en parte por el relato bíblico, que a los que no estamos imbuidos en la «cultura del Libro» nos produce cierto rechazo, y máxime cuando se quiere presentar a la masonería como un remedo de la religión positiva y nos deja poco margen a los librepensadores para la razón y la libertad, no se trata tan solo de trasmutar la cena mística rosacruz en una espicha, para sintonizar razón y creencia en el desacuerdo que puede producir tal grado, que cada momento ratifica al anterior, por tanto ese juego malabar dialéctico –conceptual, no deja de ser una pequeña trampa, por lo cual es necesario ir un paso más allá, buscando el fin último y velado que pueda desprenderse del grado rosacruz como alegoría sobrevenida, ya hasta sobre actuada, de otro tiempo y otras referencias misticos -históricas, antes las cuales se han de hollar en otros paradigmas.  

Y eso, todo ello se puede abordar desde las posiciones ya comentadas, pero asumiendo también un grado de heterodoxia que será la guía que nos permita luchar por la libertad y la fraternidad del otro desde la paradoja de que los masones podemos detentar una misma construcción moral, estemos donde estemos, tengamos el grado que tengamos, teniendo en cuenta de que no hay verdades absolutas, y que nunca seremos iguales, puesto que cada uno se traza su camino, trabaja su piedra desde su universo mental y vivencial, lo cual no quita para que seamos una sociabilidad construida por semejanzas y complementariedades.

Esto es los que nos propone Narciso Sáez, para abordar el proceso de imbuirnos en la ritualidad del REAA desde perspectivas laicas y racionalistas, abordando desde estas premisas cada grado de los 33 que tiene el REAA, analizando cada uno de ellos, viendo sus desarrollos y propuestas, examinando sus herramientas y proyecciones.

No es un cierre categorial, ya que Narciso Sáez, es hijo de sus vivencias, de su visión masónica y formacional, pero propone una sistemática y una metodología que nos puede servir como referente para llegar a veces a posiciones radicalmente encontradas o complementarias, la razón activa y creadora con el tiempo y paciencia, y viendo a los Hermanos interactuar podemos llegar a esas semejanzas complementarias viviendo la ritualidad «escocista» desde prospectivas diferentes, al menos para mí, desde mi vital experiencia y visión hay pocas alternativas más desde la visión laicista y racionalista. y del rito Moderno, que profeso.

NOTA: Creo que puede servir como referencia también este trabajo versado sobre el Rito Francés, pero que explica como unos hermanos se atrevieron a plantearse un cambio de arquetipos. http://www.ritofrances.net/2008/11/no-s-si-antes-hubo-una-corriente-crtica.html

He dicho.  Victor Guerra. MM.:. Logia Progreso 1850. Le Droit Humain (DH).

viernes, 6 de marzo de 2015

¿Qué entendemos por Rito Escocés Antiguo y Aceptado ?




La masonería española su proyección no es muy dada a la reflexión más allá de constatar y plasmar tópico de toda naturaleza, muy al contrario del quehacer de otras latitudes, tal y como se hace en Inglaterra o en Francia, donde el bagaje de reflexiones, de introspecciones y de estudios de naturaleza masónica se pueden contar por cientos, y donde un rito con la preeminencia que tiene el Rito Escocés Antiguo (REAA) está pero que muy presente en la panoplias literarias tanto comerciales como logiales.

Pero España es un mundo aparte, tenemos cientos de fotos, de grupos de perfiles parea debatir y reflexionar, que se llenan de saludos, de sentencias y máximas escocistas...., pero donde se encuentra muy poco material didáctico y pedagógico sobre la masonería, los ritos, e incluso sobre algo tan amplio y difundido como el REAA.

Un rito que en su mismo enunciado, ya determina una curiosa paradoja y es que dicho rito ni es escocés, ni es antiguo, y aceptado.... pues en la medida de que debe de convivir con otros, ritos aunque la plaza preeminente la ocupe como tal REAA

Desde esta plataforma la idea es ir aportando materiales de reflexión, trabajos, y textos que abran el saber y aporten ideas para el debate, que se irán aportando cada 15 o 20 dias.

Espero que todo ello pueda ir llegando a su debida meta..

Para plantear qué es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA), podria arrancar con la definición de la wikipedia,         
                                   http://es.wikipedia.org/wiki/Rito_Escoc%C3%A9s_Antiguo_y_Aceptado 

Pero me parece un arrancar un tanto pobre, teniendo como tenemos la reflexión de un Hermano versado en REAA, como es Amando Hurtado:


Es el método o sistema de trabajo-estudio masónico más extendido por el mundo. Sus antecedentes remotos se encuentran en la ya mencionada calidad del Maestro escocés, que dio origen en las ciudades inglesas de Londres y Bath, hacia 1730,a sendas logias especiales de “Maestros Escoceses”. Sin embargo, su lenta configuración y estructuración como sistema de trabajo masónico, a lo largo del siglo XVIII, tuvo lugar en Francia y se completo en América.


Los maestros escoceses establecidos en Francia, bajo la protección que Luis XIV dispensara a su pariente, Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, son mencionados por primera vez en las Ordenanzas de la Gran Logia de Francia, de 1743, negándoles la distinción que ellos reivindicaban como masones de mayor grado. Lo innegable es que representaban una corriente decididamente espiritualista frente al racionalismo ascendente de la cultura francesa de las “luces”, proponiendo, como lo harían otros movimientos a lo largo de aquel siglo, la búsqueda de una experiencia personalizada del conocimiento capaz de transformar al individuo, por encima de la mera ilustración. 
El escocismo no hacía sino poner de relieve que la tradición de los constructores medievales tenía sus raíces profundas en la Tradición Iniciática de las antiguas culturas. Desde 1744, se mencionan en Francia frecuentemente “los grados esoceses” en publicaciones divulgatorias, por lo que la existencia de los mismos viene a ser simultánea a la del tercer grado, establecido en la década anterior y aún no generalizado ni estabilizado en todas las logias. Por ello, y porque el grado iniciático todas las logias de Maestro masón contiene el germen de todo el desarrollo gradual escocista, señalábamos anteriormente que constituye el primero de los grados superiores. Por otra parte, la Gran Logia de Francia había visto aumentar su número de miembros a costa de un descenso cualitativo que, hacia mediados del XVIII, alarmaba a los masones más responsables. 

Ello decidió al conde de Clermont, Gran Maestre de la Gran Logia de Francia desde 1743, poco después de su elección y en su calidad de “Gran Maestre de todas las logias de Francia”” (no como Gran Maestre de la Gran Logia), a aprobar la creación de un taller modelo en París: el de San Juan de Jerusalén, en cuyos estatutos (publicados en 1755) se atribuía a los Maestros Escoceses cierta responsabilidad en la custodia del legado de la Tradición masónica en las logias simbólicas14.

La multiplicidad de temas propuestos a la reflexión masónica en las logias, en forma de grado, hizo necesaria la creación de organismos coOrdinadores que facilitaran una estructuración coherente de los mismos. Éstos solían adoptar el nombre de capítulo o consejo. Así surgieron el Capítulo de Clérmont (en 1745) y el Consejo de Emperadores de Oriente y Occidente (en 1758), cuyo referente escocista inmediato se hallaba en la Logia de San Juan de Jerusalén, antes mencionada.

Observemos que ya la creación de la Logia de San Juan de Jerusalén, primer hito institucional del escocismo en Francia, fue realizada por el Gran Maestre, conde de Clérmont, al margen de la Gran Logia de Francia, aunque en estrecha vinculación con ella. Esta dicotomía formal inspirará, después, el desarrollo de los Supremos Consejos del Rito Escocés, como veremos. El Capítulo de Clérmont, establecido en París, tuvo corta vida. Sin embargo, extendió su sistema de grados a Alemania, donde los temas basados en la leyenda templaría darían lugar a la aparición de importantes estructuras escocistas. 

El Consejo de Emperadores15 fue creado en París, en torno a 1758, con el subtítulo de Sublime Logia Madre Escocesa, emulando al Consejo Soberano de Caballeros de oriente, surgido poco antes de la Logia de San Juan de Jerusalén. Lo importante del Consejo de Emperadores fue su labor de estructuración y armonización del escocismo en un sistema de veinticinco grados, llamado Rito de Perfección, reuniendo los temas estudiados y trabajados en los diversos capítulos y consejos escoceses de Francia, que, tras su desaparición en torno a 1782, serviría de base al Rito Escocés Antiguo Aceptado (o “y Aceptado”). Señalemos que el Consejo de Emperadores habría creado un Consistorio en Burdeos, del que emanarían los reglamentos y Constituciones de la Masonería de perfección, en 1762, aunque no quedan pruebas documentales irrefutables al respecto.

Lo que es irrefutable es la emisión de una patente, otorgada en 1761 por la Logia de San Juan de Jerusalén, autorizando a Étienne Morin, caballero y príncipe de todas las órdenes de la Masonería de Perfección, a establecer logias del Rito de Perfección en América y allí donde fuere. En 1762, el Gran Maestre de la Gran logia de Inglaterra, conde de Ferrest, extendió aquella autorización a las logias británicas del Nuevo Mundo. Y así lo hizo Morin, creando la Logia de la Perfecta Armonía en Haití y pasando luego a Jamaica, donde nombró Inspector Adjunto a Henry A. Franken, siendo éste quien, de hecho, introdujo el Rito de Perfección en Estados Unidos.

El primer texto completo del sistema llamado Rito Escocés Antiguo y Aceptado, conteniendo los veinticinco grados del de Perfección máS otros ocho, se dio a conocer en 1802 por circular emitida por el Supremo Consejo de Grandes Inspectores Generales del Grado 33° y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Este primer Supremo Consejo del Rito había sido creado en 1801, en Charleston (Carolina del Norte), por masones franceses, procedentes de Haití y refugiados en los Estados Unidos a causa de la guerra colonial haitiana, junto a masones americanos, todos ellos Inspectores Generales del Rito de Perfección. Su primer presidente o Gran Comendador fue John Mitchel, figurando como cofundadores el conde de Grasse-Tilly (que fundó, poco después, el Supremo Consejo de Francia) y Noël Delahogue, entre otros. 

El sistema de 33 grados de este Rito había sido estudiado y aprobado por Federico II de Prusia, protector de la Masonería, que lo sancionó en las llamadas Constituciones de Berlín, de 1786. Su origen ha sido puesto en duda por algunos críticos, como S. S. Lindsay, Albert Lantoine y Paul Naudon. Sin embargo, Claude Gagne, investigador especializado en el tema y miembro del Supremo Consejo de Francia, nos señalaba recientemente a este respecto: En las páginas 2002 a 208 de L’Isle des sages, obra publicada por Francois Nogaret en 1786, aparece la siguiente mención: “Hace poco se han recibido noticias fidedignas de Berlín, informándonos que su Su Majestad prusiana acaba de concluir nuevos reglamentos para la sociedad de los francmasones”. En este caso, la noticia corresponde al año 1785, es decir, el año anterior al de la publicación de las Constituciones de Berlín.


LOS 33 GRADOS DEL RITO ESCOCÉS ANTIGUO Y ACEPTADO SE DIVIDEN EN CUATRO GRUPOS O BLOQUES:

Los tres primeros grados son los comunes a todos los sistemas masónicos, cuya temática hemos resumido en páginas anteriores. Se trabajan en las Logias Simbólicas y contienen en sí potencialmente la iniciación masónica, por lo que los grados superiores representan diversos aspectos de su contenido, siguiendo enseñanzas de la Tradición iniciática universal. Las logias simbólicas suelen federarse formando una Gran Logia o un Gran Oriente y, generalmente, practican el rito o método que ellas mismas adoptan de entre varios existentes. Por esta razón, quedan fuera de la jurisdicción de los Supremos Consejos del Rito escocés Antiguo y Aceptado aquellas logias que practican otros sistemas rituales.

Los diez siguientes (del 4° al 14°) se trabajan en logias llamadas de Perfección y su temática sigue siendo la construcción del Templo y sus vicisitudes. Cada grado contiene una leyenda característica y unos símbolos que se utilizan como utensilios de trabajo. Tanto las leyendas como los demás símbolos son síntesis cuya riqueza espiritual y filosófica va siendo desglosada mediante el estudio-trabajo de los masones simbólicos. 

El descubrimiento del deber personal, a través del concepto de Ley universal, es parte fundamental de la búsqueda de la Palabra Perdida y del “sentido” de la vida. En ese camino, la realización de la Justicia y la práctica de la Equidad que la equilibra nos van acercando al Conocimiento. En el grado 13° (Arco Real), la leyenda alude al descubrimiento, en una cripta, de una transcripción de la Palabra Perdida, aunque ilegible aún para sus descubridores, que deben proseguir esforzándose en la práctica de la Justicia y del Bien. Estos principios deben ser difundidos por toda la Tierra y éste es el tema de la leyenda del grado 14°.

En el bloque integrado por los grados 15° a 18°, que se trabajan en Capítulo, se accede desde el concepto de Justicia al del Amor universal. Partiendo del esfuerzo en el trabajo constructivo, a pesar de que el primer Templo pueda ser atacado y destruido (como lo fue el de Salomón), el hombre logrará avanzar ayudado por y ayudando a sus semejantes (Caballero de oriente). La nobleza del esfuerzo colaborador caballeresco y su apertura espiritual se destacan en el grado 17° (caballero de Oriente y de Occidente), para pasar a un nuevo concepto de la Ley: es el Amor lo que conduce hasta la Palabra Perdida, su clave. El grado 18° (Caballero Rosa Cruz) representa una síntesis del fin y de los medios de la Masonería universal (Fe, Caridad, Esperanza son las virtudes que dan sentido a la vida). El templo por construir no es material, sino espiritual y los trabajos del grado 18° no se cierran nunca. Tan sólo se interrumpen.

Los grados que van del 19° al 30° se trabajan en logias llamadas Areópagos. El proceso de búsqueda del Conocimiento a través de la construcción, que se persigue en los grados de Perfección, continúa con el descubrimiento del Amor Universal (grados 15° a 18°) para llevarnos a la acción espiritual. Acción que ha de emanar del Conocimiento, consciente de ese Amor que todo lo vincula. Es ésta la filosofía de la acción masónica y, por ello, estos grados reciben el nombre de filosóficos. 

En el grado 19° el masón busca el camino de la nueva Masonería, que ya no ha de construir templos materiales, sino un mundo más virtuoso y fraternal, una “Jerusalén celeste”. Se subliman la virtudes caballerescas en defensa de esa nueva Jerusalén del Amor, tan distinta de aquella por la que lucharon los templarios medievales, aunque estos grados aludan a ellos como mito. El espíritu de la acción templaria, así entendida, es el que convierte simbólicamente al masón (en el grado 30|) en nuevo caballero de un nuevo Templo al que se asciende por la escala mística de la virtud: el Caballero Kadosh.

El último bloque gradual está integrado por los llamados grados administrativos (31°, 32° y 33°). Las logias en las que se trabajan estos grados son denominadas, respectivamente, Soberano Tribunal, Consistorio y Supremo Consejo. El grado 31° carece de carácter iniciático, siendo su finalidad la de velar por la conservación de las características del Rito y la recta conducta de los masones de todos los grados superiores. 

El grado 32° exalta el valor de la tradición iniciática como tesoro heredado de los sabios antepasados de la Orden. El grado 33°, y último, está formado por los Soberanos Grandes Inspectores Generales. De entre los miembros de la Orden que alcanzan este grado16, se elige, por cooptación, un número limitado para ejercer la autoridad suprema del Rito en cada país, formándose un Supremo Consejo con potestad jurisdiccional sobre las logias de Perfección, los Capítulos y los Areópagos. 

A través de esta descripción sucinta del contenido de los diversos grados del sistema Escocés Antiguo y Aceptado, podemos constatar que recogen aspectos importantes de la tradición universal, implícitos en temáticas características de la historia europea y mediterránea, de forma que permite, a quienes se hallan familiarizados con ellos, acceder a un fondo iniciático común a la cultura judeocristiana y a las culturas más antiguas, de las que ésta surgió. 

Su dimensión esotérica (o de búsqueda de lo trascendente a través de lo inmanente) hace que este amplio sistema ritual permita asimismo comunicar con las otras culturas, puesto que, partiendo de la idiosincrasia de un oficio que engloba otros muchos y es común a todas ellas, como el constructor, se extiende incluyendo profesionales ideales universales, que abarcan desde la noble caballería simbólica hasta el sacerdocio, pero de forma igualmente accesible a quienes no están especializados o no profesan ningún credo religioso. 

Cada Supremo Consejo estará integrado por un mínimo de nueve y un máximo de 33 masones del grado 33° y presidido por un Soberano Gran Comendador con jurisdicción sobre logias del 4° al 33° grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. La jurisdicción sobre las logias simbólicas de los tres primeros grados corresponde exclusivamente a las Grandes Logias, presididas por sus respectivos Grandes Maestros.

No obstante, y puesto que este sistema escocés de trabajo masónico constituye una unidad dividida en 33 grados, que han de conservar su homogeneidad metodológica, los Supremos Consejos deben ser siempre referentes autorizados, sobre temas rituales, para todas las logias que practiquen este Rito, a modo de especiales Academias conservadoras de su idiosincrasia tradicional. Por ello, estos organismos sólo establecen tratados de trabajo con las Grandes logias u Obediencias comprometidas de la misma forma, en las que se practican los tres primeros grados básicos y a las que pertenecen los Maestros. 

Un Supremo Consejo sólo puede estar formado por masones tradicionales (respetuosos de las reglas de la Tradición masónica), que pueden acceder a los grados superiores para pasar, eventualmente, a formar parte de cada Supremo Consejo. El primero de los Supremos Consejos de Europa, fundado en 1804 por Grasse-Tilly, tras haberse fundado el de Charleston, fue el de Francia. El primer Supremo Consejo de España fue fundado en Madrid, también por Grasse-Tilly, en 1811).


Amando Hurtado   LA MASONERÍA